Carta de la iglesia católica pide a Correa respeto para sus prelados
Septiembre 16, 2008 at 4:23 pm | In Uncategorized | 12 Comments“Le ruego que respete, aunque no comparta, las opiniones de los obispos y sacerdotes de la Iglesia a la que usted pertenece“,
Nicolás Dousdebés, secretario general de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana, en una carta dirigida al mandatario.
Septiembre 16, 2008
QUITO | AFP
La Iglesia Católica, que rechaza el proyecto oficial de Constitución que irá a referendo, dirigió este martes una carta al presidente Rafael Correa exigiendo respeto para los prelados, a quienes el mandatario tildó de “espectros fantasmales”.
“Le ruego que respete, aunque no comparta, las opiniones de los obispos y sacerdotes de la Iglesia a la que usted pertenece”, expresó el secretario general de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana (CEE), Nicolás Dousdebés, en una carta dirigida al mandatario.
El sacerdote solicitó a Correa que “no nos excluya” de la declaración universal de los Derechos Humanos, según la cual “toda persona tiene el derecho a expresar, por cualquier medio, su opinión sobre el asunto que fuera”.
“Los sacerdotes no somos espectros fantasmales vestidos de negro, ni pelucones (ricos), ni perversos mentirosos como su millonaria publicidad lo afirma”, declaró el secretario de la CEE.
“No recibimos sueldo o prebenda alguna del Estado y por eso tenemos la libertad para expresar que no estamos de acuerdo con todo lo que el poder plantea como si su voz fuera el criterio único de verdad, sobre todo en temas que afectan a la moral y a la vida”, agregó.
Aunque el texto constitucional no menciona explícitamente el aborto o el matrimonio entre homosexuales, la Iglesia Católica y los evangélicos lo rechazan por considerar que deja abierta la puerta a esas prácticas.
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Mi opinión: no soy católica, me separé de la Iglesia Católica porque estaba en desacuerdo con muchas de sus prácticas, tanto religiosas como no-religiosas. Hay personas, unas más, otras menos, que critican muchas prácticas de su Iglesia, lo que siempre me ha llenado de dudas. Si formo parte de una Iglesia, ¿debería aceptar ciegamente lo que dice? Respuesta difícil, difícil porque la Iglesia está formada por humanos que son tan susceptibles de cometer errores como todos nosotros, sin embargo, los católicos creen que la Iglesia fue instaurada por Dios (a través de Jesús) por lo que debería tener un grado de respetabilidad bastante alto entre sus creyentes.
Pero una cosa es estar en contra o en desacuerdo con ciertas actitudes de la Iglesia, y otra muy diferentes es ofender a sus miembros porque discrepan con Su Majestad. ¿Son los curas perfectos, irreprochábles, inmaculados in in in? No, humanos como todos. Susceptibles de ser críticados con respeto y altura, como toda persona se merece. ¿Ha intervenido la Iglesia de manera política en esta campaña? Si. ¿Debió haberlo hecho? Discusión eterna, nunca nos pondríamos de acuerdo.
Pero de discrepar con la iglesia a decirle a los sacerdotes espectros fantasmales hay mucha distancia. Ahora el cura Arregui está siendo investigado por sus nexos con Filanbanco. ¿Lo habrían investigado si no hubiera abierto su boca a favor del NO? ¡Por supuesto que no! No se está buscando aplicarle justicia al curita, lo que se espera es silenciarlo. Ese es el gran problema del régimen. No busca la justicia, sus persecuciones se dirigen a los que lo atacan, sólo eso.
La última fue que pensaban ponerle un juicio de alimentos a Arregui. No me extrañaría. (Que le pongan el juicio).
12 comentarios »
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Ahora es la Iglesia pero aplica a cualquiera, y ese es uno más de los peligros de esa novelería de constitución.
Es tan ambigua, pero maquiavélicamente ambigua, que cuando alguien salte, habrá un artículo que se le pueda aplicar.
Y en esto no creo pecar de exagerado en la medida en que se ha gastado mucho dinero en elaborarla, y no hablo precisamente de los asambleístas, contratando asesores y revisando los artículos con el asistente de Correa.
No es gratuito que los hayan dejado “divertirse” con el texto para en la última sesión tenerlo al mismo Mera haciendo los cambios.
No fue fortuito que Acosta saliera antes de que se produzca tal situación.
Y no fue gratuito que el corcho Cordero aceptara todos los cambios del cuartito de al lado y los haga aprobar a sabiendas de que no eran lo que la asamblea aprobaba.
Entonces, han tenido todo el tiempo del mundo y las cosas han estado “fríamente calculadas”.
Porque los apóstoles de San Correa dicen que hay que ser muy mal pensados para que todas esas ambigüedades se apliquen para mal, es que no lo conocen a nuestro San Rafael que es muy bueno y justo, dicen.
Pero a mi la experiencia me dice lo contrario. Las medidas represivas para todos cuantos se quejen serán peores. La confiscación, intervención o hasta prisión (porque seguro el SRI te mete preso por presunción de evasión) estarán a la orden del día para los pocos que quieran hacerle la contra.
Insisto, es terrible, por muy exagerado que les parezca, y lo han fomentado todos aquellos que aprueban la ilegalidad para proceder.
Llegará el día en que se arrepientan o simplemente quieran dejar de apoyar a Correa pero no tendrán ni el derecho a protestar.
Mira entonces cuan terrible es que desaparezca la división de poderes, porque no me van a decir que con la famosa Corte Constitucional hay división de poderes…
La persecución pronto será para todos!!
comentario por Antrax — Septiembre 17, 2008 #
Antrax, precisamente mi próximo post es sobre el asunto SRI. En cuanto disponga de tiempo lo escribo.
comentario por Fátima — Septiembre 18, 2008 #
Con tanta cosa y tanta represion que dicen que hay pq nadie le mete un tiro a RC¿?, LFC tuvo su taurazo,JM, AB, LG, lo sacaron en fuga los BORREGOS QUITEÑOS (y no digo que haya estado bien o mal que los saquen solo que somos unos BORREGOS arribistas y snobs… creo, a proposito tambien Guayaquil tiene borregos, pero almenos mas autenticos)
Es facil quejarse y quejarse y quejarse pero con taaaaanta webada que dicen que hay ya es hora que aparezca una revolucion o algo (ese Arregui si fuera un poquito varon (no se pq pero me cae mal mal mal ese man), almenos lo excomulgaria a Correa), OJO esto no es critica a nuestra ilustrisima y siempre bien ponderada anfitriona, solo otra QUEJA de un ecuatoriano quejumbroso.
Slds
comentario por CD — Septiembre 18, 2008 #
Tal vez sea porque la mayoría de “ecuatorianos quejumbrosos” como nos llamas, no somos delincuentes como para andar resolviendo nuestros problemas a balazo limpio por ahí.
comentario por Xica — Septiembre 18, 2008 #
Xica, te felicito por esa actitud, la violencia solo engendra violencia, dice la Biblia que los mansos heredaran la tierra, ojala mi partecita de heredad no este junto a la tuya
comentario por CD — Septiembre 18, 2008 #
CD, no hay reclamos ni violencia aun porque todavía se vive del cuento. Durante ese año y pico el presidente ha vivido en campaña, tiene toda una maquinaria de propaganda digna de la Alemania nazi, y rebosantes arcas fiscales.
Tenía que pelearse con el MPD…. lo dejó para después.
Tenía que pelearse con los transportistas… lo dejó para después.
Las únicas acciones que toma son las que puedan tener un golpe de efecto para una mayoría de gente ignorante, sí ignorante, aunque no por culpa suya sino de nuestro sistema.
Pero no te preocupes, va a llegar el momento de violencia que tú reclamas. Por muy larga que se haga la campaña eterna, por muchos enemigos que busque Correa, eso va a funcionar mientras a la gente le alcance para comer y por lo menos en Ecuador aun la gente, por pobre que sea, no muere por el hambre.
Esperemos que termine la dolarización, esperemos los resultados de la desinversión industrial (más que desinversión es no inversión futura), cuando el desempleo, la delincuencia y en general el nivel de vida del ecuatoriano promedio empeore comenzará el descontento.
Pero por qué va a comenzar ahora si Correa no ha sido impopular, ni siquiera con los gremios que parasitariamente viven de la sociedad?
No quiere cambiar la educación? Pues sería bueno comenzar sacando al MPD de ese sector. Eso sí se lo aplaudiría. (si es que después no lo reemplaza por AP por si acaso).
Y repito, para hacer los cambios que desea..¿necesitaba una asamblea? No podía gobernar sin esos cambios? Si lo necesario era una ligera reforma política y eso no lo ha tocado o más bien lo ha empeorado.
El hecho de que la gente no se queje o que apruebe a Correa no significa en lo más mínimo, ni puede ser usado como prueba de que esté haciendo las cosas bien.
Eso sí, es prueba de que es popular, y eso es innegable. Cómo crea y mantiene esa popularidad puede ser cuestionable, pero es popular.
Que es irresponsable, que su constitución no solo es mala sino perversa, a mi no me queda la menor duda. Solo toca esperar.
comentario por Antrax — Septiembre 18, 2008 #
Guayaquil o viva la clase media
No pude olvidar mis días allí al leer la diatriba de
Seselovsky. No quiero vivir en la villa, ni en un country.Quiero más clase media. Osvaldo Bazán. Osvaldo Bazán, 11.08.2008
Guayaquil tiene 3.300.000 habitantes y un solo teatro importante, el del Centro Cívico. Ahí vi Venecia, la obra del argentino Jorge Accame. En su versión porteña la historia –protagonizada por prostitutas desarrapadas tras un sueño– transcurría en un tristísimo puticlub del noroeste argentino. En la versión guayaca, las putas eran dos divinas estrellitas de la tele,con minis de lentejuela y el protagonista un modelo carilindo que se lo pasó haciendo obvios chistes verdes y
bailando cumbia. “Es lo único que el público soporta”, dijeron mis anfitriones, una periodista free lance y un dramaturgo acostumbrado a la frustración. La obra más importante que mostraban en la ciudad sólo tendría cuatr funciones. “El teatro aquí no interesa”, me dijeron.
En Guayaquil los taxis no tienen precio preestablecido. Te parás al lado y preguntás cuánto es hasta el hotel. Te dicen “diez dólares”. Contestás que es mucho. Te dice “dos dólares”. Subís. En uno, la butaca del chofer había desaparecido y en su lugar habían puesto una sillita de playa, atada con alambres.
El malecón es un buen lugar para caminar, pero si lo hacés, no es bueno cansarse: si te recostás sobre uno de los bancos, no tardarán nada dos policías en silbarte y decirte “No se puede”. En Guayaquil no se puede casi nada que tenga que ver con lo público. Y hay mucha policía. Y nadie se queja. Guayaquil es orden y a medida que pasan los días notás que algo terriblemente desagradable ocurre en la ciudad. Tres hombres por cuadra rasquetean con cepillo y detergente las quince manzanas del centro. Las veredas brillan y todas las puertas de casas y departamentos lucen un corazón de Jesús. Después me entero de que es un día de esos que antes se festejaban en la Argentina, un corpus cristi con una hache en algún lado, pero no pregunto más. Todos saben mucho de religión y todos son muy, muy devotos. En las calles podés ver autos muy caros, sin patente. “Es que cuando los patentan, tienen que comenzar a pagar impuestos”, me dicen con naturalidad. Entonces, no los patentan.
Ecuador no tiene cine propio y ya tampoco tiene música. No se graba más porque la piratería es tan fuerte que no conviene. Esto dejó a Ecuador prácticamente sin músicos.
En las pocas disquerías que encontré –dar con una
librería interesante es imposible– sólo una batea era de discos o películas originales. Todo lo demás es trucho.
Mis anfitriones eran amigos hacía muchos años. Fuimos a un bar, la noche se estiraba y yo quería salir. Finalmente la periodista se fue y el dramaturgo me dijo “bueno, quería decirte que yo también soy homosexual, pero no me animaba a
contártelo delante de ella, así que si quieres, vamos a bailar a un boliche gay”. –¿Ella es tu amiga desde hace más de 20 años y no lo sabe? –Supongo que lo sabe, pero en Guayaquil, todo es como si no. No hay homosexuales, pero
puedes tener a cualquier hombre de los que ves por las calles por un dólar. Son casados, tienen sus matrimonios formalitos, pero los sábados salen con nosotros y somos sus esposas.
Pensé que iba a ser lo más machista que escuchara, pero la noche me daría sorpresas mayores, más allá del antro pequeñísimo al que llegamos después de subir una escalera estrecha. A las cuatro de la mañana vino la policía y hubo
que irse. Mi anfitrión me dijo: “Si tomás uno de los
taxímetros que están en la puerta del boliche, vas a tener que hacerle sexo oral al chofer, en Guayaquil es así, ellos dan por sentado que si vienes aquí, no te podés negar”.
–¿Y si te negás?
–Pues, te pegan.
Vi a los choferes y decidí caminar unas cuadras. Al día siguiente, en un bar, me encuentro con la periodista. Se saca sus zapatillas y se pone un par de zapatos que trae en un bolso. Le pregunto por qué. Me dice, sonrojada, que vive lejos y viene al centro en colectivo. Pero como en Guayaquil está muy mal visto viajar en colectivo,porque es cosa de pobres, se baja unas diez cuadras antes
para que nadie la vea. Me cuesta entender la lógica, pregunto.
–Osvaldo, vienes de la Argentina. En la Argentina tienen clase media. Aquí no. Aquí tenemos pobres, que son todos los que ves en las calles; ricos, a los que no verás jamás porque están en sus autos blindados y en sus mansiones en la costa a la que sólo llegas en helicóptero; y algunos como yo, que intentamos no caernos del todo. La lucha es por la sobrevivencia, no por la felicidad. No hay libros, no hay música, no hay teatro, no hay nada. Hay muchas iglesias donde los pobres van a pedir y mucho orden, para que no deje de haber iglesias y orden. Guayaquil está muerto porque los pobres saben que lo seguirán siendo y a los ricos no les importa nada. Dios quiera tuviéramos clase media como ustedes, en la Argentina.
Fue imposible no recordar esos días en Guayaquil después de leer la diatriba de Seselovsky contra la clase media. No quiero vivir en la villa. No quiero vivir en un country. No quiero sólo la supervivencia (y a veces ni siquiera), ni para mí, ni para nadie. Quiero más clase media. Se supone
que algo así es la socialdemocraci
comentario por narizon gutierrez — Septiembre 20, 2008 #
GUAYAQUIL: EL REINO DEL DERECHO Y DEL REVÉS
Dicen que las mujeres tenemos más desarrollada la intuición. Pero yo no intuía nada de cómo iba a ser mi estadía en Guayaquil. Venía sin demasiadas expectativas ya que estaba acostumbrada por mi trabajo de consultoría, a vivir por tiempos breves en diferentes lugares y luego decir adiós.
Llegué a Guayaquil un domingo caluroso de febrero del 2005. Venía desde Buenos Aires, donde el calor del verano es tan intenso y pegajoso como el que me golpeó al bajar en el aeropuerto Simón Bolívar. Un señor con cara de enojado sería el encargado de controlar mi pasaporte en migraciones, pero cuando abrió su boca, fue para brindarme una sonrisa y darme la bienvenida al Ecuador y a Guayaquil. Su calidez me predispuso a pensar que todos los guayaquileños serían así.
Al salir, un cartel diciendo mi nombre se agitaba a como en medio de un huracán. Era el chofer enviado por la empresa que me había contratado, junto a un jovencito que sería mi mano derecha, el tiempo que durase mi estada en el Ecuador. Subimos al taxi “amigo” que nos esperaba y mi guía guayaquileño me enseñaba la ciudad cumpliendo la función de improvisado cicerone.
A la derecha el “Coliseo Voltaire” y el “Estadio Modelo”, estas son las circunvalaciones que comunican con? No supe con qué me comunicaban porque el chofer, había encendido su radio y un reaggeton invadió mi cerebro. El auto con vidrios polarizados y el aire acondicionado a full me hacían sentir como en un filme de Almodóvar, donde lo kitsch se mezclaba con lo moderno: los perritos con camiseta del Barcelona que adornaban el tablero, movían la cabeza como diciéndome que tenía razón con mis pensamientos.
Las mujeres en las calles, lucían sus cuerpos exuberantes enfundadas en jeans calzados con vaselina o mini-faldas ínfimas y sandalias altísimas… Los tops o blusas eran coloridas y minúsculas. Los hombres las llevaban de la cintura, marcando que eran su propiedad privada. Llegamos a la avenida 9 de octubre, avisté el Malecón del Salado a lo lejos, con sus característicos parasoles como velas de barco y con la promesa de ir a recorrerlo en otro momento, seguimos rumbo al hotel. El hotel era bellísimo. Mi acompañante me dejó con el conserje, prometiendo pasar por mí en una hora, para llevarme a almorzar comida típica y luego hacer un sencillo tour por la ciudad.
Mientras el botones me llevaba a mi suite, le comenté lo bien climatizado que estaba el hotel, ya que el calor afuera era infernal. Su respuesta me sorprendió -porque estamos en invierno señorita, en verano es otra cosa. Por supuesto le dije, en verano hace mucho más calor. El botones me dijo que no, que el verano era mucho más fresco. No quise ahondar en el tema pero pensé ¡aquí están todos locos! Mientras comía una papaya, cambié mi ropa de viaje por algo más cómodo y me alisté para ir a almorzar y conocer la ciudad que me acogería durante cuatro o cinco meses. Mi acompañante fue súper puntual, aunque con el correr de los días aprendería que la puntualidad no era una característica guayaquileña. El almuerzo lo hicimos en el mismo hotel y descubrí sabores que resultaron extraños a mi paladar pero que me gustaron. Nunca había comido banana en platos salados, y aquí eran una marca registrada del país, pues variaba de nombre y textura: maduro y verde eran banana o plátano, pero diferente. Durante el almuerzo, mi guía me narró historias de la ciudad, de las veces que se incendió, de la reconstrucción y del verdadero cambio que estaba atravesando en esos momentos Guayaquil.
EL RECONOCIMIENTO: Los íconos de Guayaquil.
Salimos por la avenida 9 de Octubre, una de las más representativas extensas arterias de la ciudad. De acuerdo a una tradición argentina, es de buen augurio conocer una iglesia apenas se llega a un país. Sabía que la Catedral Metropolitana estaba cerca del hotel, que podíamos ir caminando. Me miró espantado y sólo se atrevió a decirme que lamentablemente estábamos en invierno, y que el calor en esa estación era terrible, que no lo iba a soportar. No quise discutir sobre lo que significa invierno o verano porque no quería caerle como una maestra a este pobre jovencito que estaba sacrificando su domingo por mi. Ya tendría tiempo de aclarar el tema, pero en lo que mantuve firme fue en caminar. Yo ya tenía una ruta predeterminada que me había estudiado en el avión. El calor no me asustaba. Luego de caminar unos cuadras, lo sorprendí diciendo que quería doblar por la calle Boyacá, para ver los negocios que ahí se encontraban. Estaba todo cerrado, pero me sirvió para ubicarme en la ciudad. Con mi acompañante transpirado y agotado llegamos a La Catedral. Al entrar, la luz que se filtraba a través de los vitrales que adornan los grandes ventanales de sus tres naves, elevaron mi espíritu arrancándome de toda sensación terrenal. Un viejecito se me acercó y me preguntó si quería conocer la historia de la iglesia. Sin esperar respuesta, me contó sobre las veces que se había incendiado, dónde era su ubicación original, y alguna que otra anécdota de color. Quise compensar su información con una propina, pero declinó recibirla. Me explicó que al ver mi recogimiento, sintió necesidad de hablarme. Y aún más, agradeció haberle dado esa oportunidad de poder hablar conmigo y se marchó. Sin salir de mi asombro por la actitud del anciano, di gracias a Dios por el recibimiento que me estaba dando Guayaquil. Me sentí privilegiada, me sentí bendecida. Estaba como en trance porque la visión de ese anciano fue tan
fuerte que era como estar en frente a un santo y que me hubiese escogido a mi para protegerme. Puede sonar fantasioso, pero esa fue mi sensación. Ya estaba amando Guayaquil.
Nos cruzamos a ver el famoso Parque de las Iguanas (Parque Seminario). Debo reconocer que tuve cierta recelo al ver tantas iguanas caminando por el césped y trepadas a los árboles. Toqué a una de ellas por la cola y sentí como una electricidad que me recorría todo el cuerpo. Mi compañero me contó que había un enorme
monumento, a punto de inaugurarse, rindiendo homenaje a las iguanas. Me pregunté porqué este reptil, casi prehistórico, se había afincado en Guayaquil, transformándose en su símbolo. Quizás porque esta ciudad deberá permanecer para siempre, me dije. Había muchísima gente sentada en los bancos, comiendo, charlando, jugueteando con las iguanas. Descubrí lo bullicioso que es el pueblo de esta ciudad. Se ríen y hablan todos juntos en tonos bien altos. Se asemejaban a los napolitanos por lo gritones.
Nos fuimos del Parque camino al encuentro que yo más ansiaba: El monumento a los Libertadores Simón Bolívar y San Martín, en el Malecón 2000. Parecía que
todos los habitantes de Guayaquil hubieran querido acompañarnos. Chicos corriendo por todos lados con sus helados derritiéndose entre los dedos y los padres comiendo sánduches y bebiendo cervecitas. El Guayas se mostraba correntoso y rápido. Frente a mi, la rotonda con las estatuas de los dos más grandes libertadores de América me aisló del bullicio y en un trompo vertiginoso escuché el diálogo del que siempre hicimos suposiciones pero del que nunca tuvimos certezas.
Guayaquil, tierra de misterios, de claroscuros, de libertad. Quizás por eso es que las iguanas se habían afincado acá. Eran las guardianas del pasado, quizás. Caminamos todo el Malecón, nos subimos a un barco “pirata” que recorrió un buen tramo del río Guayas de norte a sur. El anochecer sobre el río nos envolvía con una luz tenue, romántica. Las luces de la ciudad se iban encendiendo y el espectáculo era aún más hermoso. Unos tragos acompañados con patacones bien crocantes, mitigaron el apetito que tanta belleza nos provocaba. El Palacio de Cristal, la Torre del Reloj Público o Torre Morisca, La Fragata Guayas mostraban el bello escenario que es el Malecón 2000. El Cerro Santa Ana lucía como una torta de cumpleaños con todas las candelas encendidas. La luna estaba redonda, gigante, e iluminaba el río dejando una estela brillante sobre el agua.
EL NACIMIENTO DE GUAYAQUIL: Cerro Santa Ana ? Barrio Las Peñas Al norte del Malecón se erige el Cerro Santa Ana y recostada sobre las faldas del cerro
está el Barrio más tradicional y antiguo de la ciudad: Las Peñas. Histórico fundamentalmente, porque fue en sus calles donde se fundó Guayaquil.
Ingresamos por la calle Numa Pompilio Llona, calle principal del barrio, donde nos encontramos con la más variada gama de personajes, ya que hoy se mixturan los bohemios, los artistas, los viejos habitantes y el brillante colorido de sus casas y sus balcones floridos. Empezamos a subir los 456 escalones que llevan al faro del Santa Ana, pero el cansancio del día tan plenamente vivido nos obligó a hacer una parada en uno de los tantos barcitos y restaurantes que acompañan la escalada. Salsa, reagetton, tamboriles animaban el ambiente pleno de turistas y guayaquileños. Aromas y perfumes deliciosos despertaban todos mis sentidos y
mi cuerpo, a pesar de la fatiga se empezó a mover al ritmo contagioso que imprimía esta bella ciudad. Cervezas heladas, cazuela de mariscos, patacones, uñas de cangrejo, camarones, todo servido en pequeñas cazuelas como platos de degustación.
Unión de razas, unión de sentimientos, comunión de almas en un sólo lugar: Guayaquil. Ritmo, alegría, amistad, diversión, magia. Me pregunté cómo haría para ponerme seria con mi asistente al otro día. Le había mostrado toda mi esencia y Guayaquil tenía la culpa. En fin, mañana sería otro día y hoy era hoy. Valía el disfrute. Se hizo tarde y decidí poner fin al tour. Necesitaba descansar para estar fresca al otro día. El resto de los escalones podían esperar, seguramente habría
otras oportunidades. Llegando al hotel me invadieron, literalmente hablando, ¡los grillos! Al ver el primero dije, ¡Buena suerte!, que es lo que se dice en mi país al verlos pues aparecen muy poco, pero acá era otra cosa. Empezaron a saltar y a pegarse en todo mi cuerpo golpeándolo como pequeñas balas. Entré en pánico. Me sacudía para sacarlos de encima mientras gritaba como loca y me paralicé. El gerente del hotel, el portero, mi acompañante me ingresaron al lobby, no sin antes desembarazarse de estos horribles insectos. Me explicaron que la culpa era del invierno y el calor abrasador que los atraía. Me pidieron mil disculpas, pero este tema era inmanejable, era culpa del clima invernal.
Pasaron los cinco meses que iba a estar en Guayaquil. Amé la ciudad y sus “huequitos” donde comí comida deliciosa y que no tenía nada que ver con mis
tradiciones. Pero lo que nunca entendí fue lo del verano e invierno. Entendí que Guayaquil está al revés, como en el mundo de Maria Elena Walsh, y sus
canciones infantiles. Porque acá invierno se asocia al calor y verano al frío. Es el reino del revés.
EL REINO DEL REVES Me dijeron que en el Reino del Revés nada el pájaro y vuela el pez, que los gatos no hacen miau y dicen yes porque estudian mucho inglés. Me dijeron que en el Reino del Revés nadie baila con los pies, que un ladrón es vigilante y otro es juez y que dos y dos son tres.
Me dijeron que en el Reino del Revés cabe un oso en una nuez, que usan barbas y bigotes los bebés y que un año dura un mes. Me dijeron que en el Reino del Revés hay un perro pekinés que se cae para arriba y una vez no pudo bajar después.
Me dijeron que en el Reino del Revés un señor llamado Andrés tiene 1.530 chimpancés que si miras no los ves. Me dijeron que en el Reino del Revés una araña y un ciempiés van montados al palacio del marqués en caballos de ajedrez. Vamos a ver como es el Reino del Revés.
Por eso es que amo Guayaquil, amo Ecuador, porque rompe con todo lo que es lógico para cualquier mortal. Es fantasía pura, desde las iguanas hasta sus habitantes, pasando por los grillos y todas las variantes habidas y por haber. ¿Al derecho? La honestidad y calidez de su gente. Me pregunto, ¿De cuántas ciudades podemos decir lo mismo? Bienvenido al reino del derecho y del revés. ¡¡Bienvenido a Guayaquil!!
María Elena Walsh . Escritora argentina nacida en 1930. Ha incursionado en muchos géneros y sus libros, canciones, obras teatrales fueron traducidos a varios idiomas.)
comentario por Antrax — Septiembre 21, 2008 #
Antrax, siempre pense que eras hombre, sorry por algun comentario que por alli no era apropiado para una chica.
Slds
comentario por CD — Septiembre 21, 2008 #
Ya entiendo por qué vas a votar SI.
Parece que necesitas que te explique entonces que ni me llamo María Elena Walsh, ni soy escritora argentina (me preocupa el futuro del Ecuador porque soy ecuatoriano si es que no estaba claro), ni nací en 1930.
comentario por Antrax — Septiembre 22, 2008 #
Personalmente creoque la mayoria de gente que esta por el SI son ignorantes (ilusos)y la mayoria del NO son inmorales (enloquecidos por el dinero). Ese fatidico dia posiblemente este far away y no vote.
Quisiera que tooodos entendamos que ninguna constitucion, caudillo o lo que sea nos puede salvar sino nosotros mismos. Imaginence una economia centralizada con burocratas full eficiencia o una economia via autonomias con un poquito de responsabilidad socialy solidadridad, solo depende de nosotros.
Slds
comentario por CD — Septiembre 22, 2008 #
Bueno, en algo estoy de acuerdo contigo: ninguna constitución o caudillo nos va a salvar.
No coincido con tu segmentación del SI y del NO. El sí queda ennoblecido porque solo peca de ilusión cuando del lado del No está casi y el diablo en persona.
Simplemente el SI y el NO se definen -a mi juicio- por visiones diferentes de solución de los problemas.
La inmoralidad creo yo está en muchísima gente del lado del SI y del lado del NO. Si mencionas una economía centralizada con burócratas full eficiencia…. eso no ha funcionado y mucho tiene que ver la corrupción. Entonces no creo que la inmoralidad y corrupción sean atributo de un sector en particular.
Mi vida gira en torno a Guayaquil por lo que obviamente mi entorno está por el NO, y hay de todo: pelucones y no pelucones en contra de Correa. El grupo en el cual trabajo tiene más de 1,500 trabajadores y hay mucha gente decepcionada. No lo discriminaría entre buenos y malos.
Qué diferencia sí veo en la práctica. Es cierto que en un mundo ideal habrá empresarios honestos y funcionarios públicos honestos, desgraciadamente estamos muy lejos de llegar a ello y en el intermedio, con todas las imperfecciones actuales SI creo que podemos estar peor. Ya el gobierno menciona claramente que apunta a Venezuela y Bolivia como modelo (por lo menos es lo que leo) y definitivamente no es el modelo que deseo se desarrolle para nuestro país.
Creo que por el SI hay mucha ilusión (los ilusos) pero no creo que por el NO la gran mayoría sea de inmoralidad. Siguiendo tu comentario el cambio depende de nosotros y la inmoralidad está del lado del SI y del lado del NO.
comentario por Antrax — Septiembre 22, 2008 #